lunes, 26 de octubre de 2015

Virtudes de los misterios luminosos según la Madre Angélica


“El Santo Rosario es nuestra arma” – Madre M. Angélica

Querida Familia:
El Año del Santo Rosario está finalizando. ¡Qué año hemos tenido! A menudo pienso lo privilegiados que somos de vivir en esta era. ¿Privilegiados? ¿Cómo puedo decir que somos privilegiados de vivir en esta época tan difícil? Es sencillo: donde abunda el pecado la gracia abunda aún más. Es cierto, el mundo está en mal estado, pero Dios está trabajando y está usando el Papa de María para hacer muchas y grandes maravillas.

Considere lo siguiente: somos la generación de los Misterios Luminosos. Los hijos de nuestros hijos no se acordarán del tiempo cuando solo había 15 misterios del Rosario. Pero nosotros somos los privilegiados de ver cómo trabaja la gracia de Dios por medio de la promulgación de estos misterios adicionales del Rosario. ¡Qué Santo Padre tenemos!

Los Misterios Luminosos o de Luz deben de tener un lugar especial en nuestros corazones. Debemos de meditar estos misterios a menudo y vivirlos en nuestra vida cotidiana. Tal vez estén familiarizados con las virtudes asociadas a los misterios del Rosario (Ej. La Anunciación – humildad; la Visitación – amor a los hermanos, etc.) Todavía no he visto una lista de las virtudes asociadas con estos nuevos misterios pero, ¿cuáles piensan ustedes que son? Después de discurrir por un rato, ¿cuáles son las virtudes que le vienen a la mente para cada misterio?

A menudo pienso en la virtud de la fidelidad a nuestra misión con el primer misterio luminoso, el Bautismo de Jesús en el Río Jordán. Cuando Cristo desciende a las aguas, los cielos se abren y la voz del Padre se escucha: “Este es mi Hijo muy amado”. El Papa Juan Pablo II explica que en ese momento cuando el Espíritu Santo desciende sobre Él, Nuestro Señor es investido con la misión que ha de cumplir. A nosotros también se nos ha dado una misión. Es nuestro deber llevarla a cabo con fidelidad y generosidad.

Con el segundo misterio luminoso, las Bodas de Caná, muchas veces pienso en la virtud de la obediencia. Además, también me hace pensar en al virtud de la flexibilidad, si es que se le puede llamar una virtud. No es siempre fácil dejar que Dios sea el que maneje nuestras cosas, pero esto es lo que Nuestra Señora pide en este misterio: “Haced lo que él os diga”. Nunca debemos ser tan rígidos que Dios solo encuentre en nuestra alma una terca independencia. Por el contrario, Él debe encontrar una actitud receptiva dentro de nosotros, un espíritu que siempre está atento a sus susurros.

El tercer misterio luminoso es la Proclamación del Reino de Dios. Al rezar este misterio le pido a Nuestra Señora la gracia de la conversión y el compromiso. El Reino me ha sido proclamado y sigue siendo proclamado continuamente. Pero, ¿cuál es mi respuesta? El volverse al Señor (convertirse) es un comienzo pero no un fin. Una conversión continua debe de ser acompañada de la virtud de la perseverancia. Es ahí precisamente donde entra el compromiso. Estar comprometido con el Señor es esencialmente una actitud de decir “pase lo que pase, no importa lo que venga, soy tuyo, Señor”. Decir esto no es siempre fácil pero siempre es necesario.

Quizás se sorprenderán cuando les diga la virtud que asocio con el cuarto misterio luminoso, la Transfiguración. Es cierto, aquí se pueden ponderar varias virtudes: la fe, el espíritu de oración, el agradecimiento, el desprendimiento, la alegría espiritual y otras más. Pero la virtud que más me viene a la mente es la solicitud o atención a Dios. San Lucas nos dice: “Salió de la nube una voz que dijo: este es mi Hijo elegido, escuchadle” (9 v. 35). El escuchar a Dios puede ser un reto. A menudo Él nos habla en un susurro mientras el mundo, la carne y el diablo nos gritan pidiendo nuestra atención.

Por último, en el quinto misterio luminoso, la Institución de la Santa Eucaristía, me concentro en la virtud del agradecimiento. Madre Angélica me enseñó lo que significa tener el espíritu de agradecimiento. El agradecimiento es una parte vital de su espiritualidad y carisma. La misma palabra “Eucaristía” significa agradecimiento. ¡Cuán agradecidos debemos de estar por este gran regalo de la Santísima Eucaristía!


Familia, a medida que crecemos en nuestro amor y agradecimiento por el Rosario, no nos olvidemos de darle las gracias a Nuestro Señor por darnos un Santo Padre tan santo y tan mariano. Recemos por nuestro Santo Padre Juan Pablo II, y pidámosle a María que lo consuele y lo premie por habernos mostrado la belleza de su faz maternal.

Tomado de ewtn.org