jueves, 4 de julio de 2013

PAULINE MARIE JARICOT


Paulina Jaricot nace el 22 de julio de 1799 en Lyon. Sus padres, Antonio Jaricot y Juana Lattier son profundamente cristianos. La sexta hija de esta privilegiada familia profundamente Cristiana.

Paulina sufre una extraña enfermedad: camina como una persona ebria, con la mirada extraviada, y pierde por completo el habla. Su madre, que la vela noche y día, cae también gravemente enferma y muere, lejos de Paulina, el 26 de noviembre de 1814, ofreciendo su vida a Dios por su hija.

Dicha muerte le es ocultada durante mucho tiempo, con el fin de que pueda recobrar la salud. Con la convalecencia, Paulina recupera el deseo de agradar, destacando como la más elegante de entre las jóvenes de su entorno, y sin embargo no se siente feliz: «Mi corazón sentía una ardiente sed que nada podía saciar, porque aquel pobre corazón, esclavo todavía de la criatura, sólo hallaba un vacío infinito en medio de un afecto perecedero, y una tortura indescriptible en sus resistencias a la llamada de Dios».

Los desórdenes de la Revolución han agotado los recursos y los medios de las congregaciones misioneras. Con la lectura de los Boletines de las Misiones Extranjeras, Paulina se conmueve de aquella situación y empieza a recoger algunas limosnas para las misiones.

Después de rezar y reflexionar, en otoño de 1819 recibe la inspiración de una obra de ayuda a las misiones: «Una noche en que buscaba el auxilio de Dios, es decir, el plan deseado, se me apareció con claridad ese plan y comprendí lo fácil que le resultaría a cada persona de mi intimidad encontrar a diez asociados que dieran cada semana una moneda para la Propagación de la Fe.

Al mismo tiempo, consideré la conveniencia de elegir, de entre los más capacitados de los asociados, aquellos que inspiraran más confianza para recibir de diez jefes de decena la colecta de sus asociados, y la conveniencia de contar con un jefe que reuniera las colectas de diez jefes de centena para entregarlo todo al centro común».

Hecha la consulta, el sacerdote Würtz le dijo: «Paulina, eres demasiado ignorante para haber inventado ese plan... Está claro que procede de Dios. Por eso, no solamente te doy permiso, sino que te animo con entusiasmo a que lo pongas en acción».
La obra de la Propagación de la Fe se extiende con la rapidez del rayo, primero en Francia y luego en el mundo entero.

Entre 1822 y 1826, la enfermedad y la necesidad de mayor intimidad con el Señor fuerzan a Paulina a retirarse en el silencio.

Las inspiraciones divinas que entonces recibe la empujan de nuevo a la acción. Movida por su apego al santo Rosario, siente el deseo de propagar esa devoción. Al constatar que son pocas las personas que disponen de tiempo y de fervor para rezarlo completo, se le ocurre la idea de repartirlo entre quince personas, que deberían rezar solamente una decena cada día meditando sobre un misterio.

«Me pareció que había llegado la hora –escribirá más adelante– de realizar el designio, formado desde hacía tiempo, de una asociación accesible a todos, que uniría a partir de la oración, y cuya única y corta práctica, que a nadie desanimaría, facilitaría a los fieles el acceso a la meditación diaria, aunque esa meditación no fuera más que de algunos minutos, sobre los misterios de la vida y de la muerte de Jesucristo».

Así fue como se fundó en 1826 «el rosario viviente».

Con la ayuda de un padre jesuita, Paulina agregó a esa obra la distribución de objetos religiosos y de libros piadosos para despertar y mantener la fe. Mediante la oración y la difusión de la buena doctrina, el Rosario viviente contribuirá a innumerables conversiones.

Después de una tregua de 35 años, la enfermedad de corazón de Paulina se agrava. Tras languidecer durante algunos meses, la sierva de Dios recibe de nuevo la Extremaunción la noche del primer domingo de Adviento de 1861. El 9 de enero siguiente, mucho antes del alba, se la oye murmurar: «Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden... ¡María! ¡María! ¡Sí, sí fiat!», y finalmente: «¡María, Madre mía... soy... toda tuya...!».

Son sus últimas palabras. A las cinco de la mañana, con la sonrisa en los labios, Paulina exhala su último suspiro y entra, joven, hermosa y radiante en la verdadera vida, la Vida Eterna. El 25 de febrero de 1963, el beato Juan XXIII declaró la heroicidad de sus virtudes, lo que le vale el título de Venerable.




Oración

Oh corazón de Pauline, hoguera de caridad para toda la humanidad, confórtame y ayúdame en mi urgente necesidad (aquí menciona tu petición).  Tú has amado a Jesucristo más que nada en toda la tierra, y por amor de Él, has amado más que a tí misma, a todos los que están en tribulación y dolor.

Un Padre Nuestro, Ave María y Gloria...



La espiritualidad de Puline Marie Jaricot

Paulina percibió muy rápidamente que la miseria más grande era la espiritual. No teme asociar estas obras con una acción de evangelización. En el taller de fábrica de flores artificiales que había creado para dar trabajo a los más desprovistos, hacía lecturas piadosas para hacer conocer y amar a Jesús. Asistía para hablar a las obreras de la fábrica de su cuñado, en Saint-Vallier, para invitarlas a llevar una vida recta y digna.

Paulina no se deja cegar por sus éxtasis místicos. Clama su desconcierto por ver a los hombres, los presos de sus sentimientos, de su orgullo, su gusto por las riquezas y de los honores... Manifiesta su indignación ante la tibieza de los cristianos, del poco cuidado que conceden a sus iglesias y a los tabernáculos.

Más aún, esta joven laica se atreve a reclamarle al clero su parte de responsabilidad en esta situación. Conservando su respeto a los sacerdotes y el sacerdocio, tan precioso para los cristianos, no teme fustigar a los que son tibios y negligentes.

Los invita a acercarse y para reclinarse ante el tabernáculo. Desconfía de misiones grandiosas y ceremonias fastuosas, en pos de la Restauración, que parecen devolver los corazones a Dios pero que sólo logran agradar los sentidos y no producen frutos duraderos. Paulina a menudo vuelve sobre esta inquietud e incita a los sacerdotes a no dejar enfriar su corazón.




Dato curioso en la vida de Pauline M. Jaricot

Durante la primavera de 1805 poco después de la Revolución Francesa, de regreso a Roma tras haber coronado a Napoleón en París, el Papa Pío Vll, se detiene en Lyon. Antonio Jaricot, comerciante se ceda de ese ciudad, aprovecha la ocasión para situar a su familia por donde pasaba el Pontífice, implorando una petición particular.


El Papa Pío Vll impone las manos sobre la cabeza de la pequeña Pauline. Bendecida por el Vicario de Cristo, aquella niña destacará muy pronto por su amor a Jesús y su ternura hacia los desdichados.

Pauline Jaricot nació el 22 de Julio de 1799 en Lyon. Sus padres, Antonio Jaricot y Juana Lattier son profundamente cristianos.
Pauline escribirá más tarde:

"Dichosos quienes reciben de sus padres las primeras semillas de la fe. Bendito seas Señor, por haberme dado un padre a un hombre justo, y como madre a una mujer llena de virtud y de caridad."

"Qué me importa, pues, oh voluntad amada y amable de mi Dios, que me quites los bienes terrenales, la reputación, el honor, la salud o la vida, que me hagas descender mediante la humillación hasta el pozo y el abismo más profundo...

Acepto tu cáliz. Reconozco que soy del todo indigna, pero sigo esperando de ti el socorro, la transformación, la unión y la consumación del sacrificio para tu mayor gloria y la salvación de
mis hermanos".

Venerable Pauline Marie Jaricot.




Oración para pedir un favor a la Venerable Pauline Jaricot, fundadora de la Propagación de la fe y del Rosario Viviente.

Oración para la beatificación de Paulina Jaricot

Tú inspiraste, Señor, a Paulina María Jaricot
la fundación de la Obra de la Propagación de la Fe,
la organización del Rosario Viviente
y su compromiso radical
con el mundo obrero.
Dígnate ahora apresurar el día en que la Iglesia
pueda celebrar la santidad de su vida.
Haz que su ejemplo
arrastre a muchos cristianos
a entregarse al servicio de la evangelización
para que los hombres y mujeres de hoy,
en toda la tierra,
descubran tu Amor Infinito,
manifestado en Jesucristo Nuestro Señor
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Amén

(Haga su petición)
Venerable Pauline ruega por Puerto Rico y ayúdanos a conseguir 1 millón de Rosarios Vivientes.